En el hombre del padre, una niña es empujada al horror del abuso.
En el hombre del padre, una niña es sometida a la agonía permanente de
vivir
el asco que el incesto provoca.
En el nombre del padre, una niña es sacudida en cuerpo y alma por la
hipocresía que sólo los cobardes victimarios ocultos tras su rótulo
paterno
pueden sostenerse.
En el nombre del padre, una niña es seducida por el supuesto amor de
aquel
que juró protegerla y cuidarla mientras toma su pequeño cuerpo para
colmarlo
de asco y repugnancia.
En el nombre del padre, una niña es silenciada para no relatar aquellas
escenas que espantan y aterran el alma.
En el nombre del padre, una niña es sometida al poder siniestro de aquel
cobarde escondido tras su nombre.
En el nombre del padre, una niña es abofeteada por el dolor del abuso
que
lastima al cuerpo y desgarra el alma.
En el día del padre...
En el día del padre, muchos niños y niñas se sienten obligados a
profesar
amor y respeto por quienes jamás se han sabido ganar semejante
veneración.
En el día del padre, muchos niños y niñas, se sienten obligados a
silenciar
su dolor mostrando
afecto y gratitud por quienes sólo les han abofeteado, dejando en sus
cuerpos las marcas del maltrato y del abuso, que sólo saben provocar
dolor.
En el día del padre, muchos niños y niñas, se sienten obligados a
profesar
un mandamiento moralista y destructivo, ese que dice, "honrarás a tu
padre". Pese a que, éste no merezca siquiera una pizca de consideración.
En el día del padre, muchos niños y niñas, se sienten obligados a dar
regalos, escribir tarjetas y ofrecer caricias y besos, a quienes sólo
les
han procurado asco y temor.
En el día del padre, muchos niños y niñas, se sienten obligados a
venerar
ese poderoso lugar que aquellos ocupan, por el solo hecho de ser quienes
son; sin importar siquiera el horror y el temor que le proveen a sus
hijos
e
hijas, con la absoluta tranquilidad de que nadie les quitará el poder
que
el
lugar de padres de familia les otorga.
En el día del padre, muchos niños y niñas, callan la agonía del abuso,
para
que el cuento del buen padre que merece respeto y veneración pueda
seguir
siendo relatado, sin que nadie se pregunte siquiera por el desenlace que
provocará en el destino de estos pequeños.
En el día del padre, muchos niños y niñas, callan el dolor del espanto
vivido para poder seguir perteneciendo a una institución -su familia-
que
lejos de protegerlos, los pisotea y los maltrata a diario, enrostrándole
la
hipocresía que sólo esta clase de cobardes sabe ponderar.
En el día del padre, muchos niños y niñas, conservan el secreto del
horror
padecido para poder pertenecer a una sociedad que les obliga a poner la
otra
mejilla cada vez que son abofeteados por el abuso y el maltrato.
En el día del padre, muchos niños y niñas, agonizan a causa del abuso;
mientras que aquellos se regodean en el poder, seguros y victoriosos de
que
siempre tendrán familias que los protejan, jueces moralistas que los
resguarden, religiones que los salven con falsos mandamientos
incuestionables, y una sociedad entera que se cubre los ojos, que cierra
la
boca, que se tapa los oídos, que se cruza de brazos y que, levantando el
dedo índice, acusa a los niños y niñas heridos, dándole por ganada la
batalla a estos despiadados supuestos padres.
Si es en el nombre del padre, en el cual, se pueden cometer los actos
más
repugnantes y espantosos. Es en el día del padre, en el cual, tales
actuaciones reciben su premio porque no hay espacio posible para
cuestionar
semejante lugar de poder, más allá, de las consecuencias que éste
provoque.
Entonces me pregunto y les pregunto, cuándo será el día, que en el
nombre
de
los niños y las niñas, tomemos el toro por las astas y luchemos por sus
derechos. Cuándo será el día, que en el nombre de los niños y las niñas,
nos
rasguemos las vestiduras por sancionar a quienes no los cumplen y a
quienes
no los hacen cumplimentar. Si hay convenciones que les protegen, si hay
leyes que los
suponen sujetos de derecho, si hay normas sociales, culturales y
religiosas
que les procuran un lugar de protección y respeto, por qué es preciso
luchar
para que todo ello se efectivice en lo real.
Si los niños son el futuro, ocupémonos de su presente. De lo contrario,
su
destino estará etiquetado por las marcas del abuso, del maltrato, del
dolor
que sólo saben de nuevas victimizaciones, de nuevas búsquedas de
padecimiento hacia sí mismos o hacia los demás.
Si todos procuramos un mundo sin violencia, pongamos manos a la obra y
ocupémonos de proveer buenos tratos a la infancia, los cuales tienen
como
pilares el respeto, el amor y el cuidado verdaderos hacia nuestros niños
y
niñas.
ASOCIACION ARGENTINA DE PREVENCION DE LA VIOLENCIA FAMILIAR
Asociación Civil sin fines de lucro
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